El Estrés Laboral

Hay una gran cantidad de artículos científicos que apoyan la teoría que en el sitio del trabajo, la sensación de estrés es mucho más elevada que en el entorno privado. La diferencia está en que el trabajo nos confronta cada día con situaciones desagradables que no sabemos manejar con nuestros propios recursos. En otras palabras no podemos actuar como nos gustaría.

Si somos personas que han elegido un trabajo que les gusta, aún, ¡felicidades! Porque – por ejemplo de autónomo – se nos crea mucho más la sensación de estar en control, por muy mal que nos vaya el negocio. Y aunque estemos empleados, si nos gusta realmente la actividad a desarrollar, nos aporta más satisfacción, es más fructífera, más interesante, más apasionante y las horas del trabajo nos dejan con una sensación de “flow”. Incluso puede que no experimentemos estrés, ya que estamos haciendo algo que nos gusta y de lo que nos retroalimentamos “energéticamente”.

Pero los que hemos elegido un trabajo meramente por que la perspectiva económica era mayor en el momento de elección, no aprovechamos tanto de este trabajo y tampoco nos llega la sensación de que nos estamos realizando personalmente durante su desarrollo. Yo diría que la mayoría en este país estamos en esta situación.

Otro aspecto más: el trabajo nos gana la vida y nos supone nuestra seguridad básica directamente, manteniendo nuestra vida por el salario. Así que, no es fácil evitar el estrés que viene de su entorno. La presión es enorme. Nuestra existencia depende de él. Nos preocupa haber hecho bien nuestro trabajo, ya que la consecuencia de un trabajo mal hecho podría resultar en nuestro despido. Y en tiempos de crisis en el cual no cambiamos de un empleo a otro fácilmente, eso causa preocupaciones que nos persiguen del trabajo hasta la casa, durante las comidas, jugando con los niños y cuando necesitamos dormir, ¡urgentemente! En España además las empresas no tienen un gran interés a mejorar la situación de sus trabajadores, mientras en Francia ya hay medidas por ley para limitar el impacto sobre el trabajador.

Y finalmente, el aspecto sociable. Somos humanos, nuestra especie ha evolucionado entorno a la creación de grupos, del establecimiento de un vínculo entre individuos, la familia, los amigos, la tribu. En el trabajo tenemos un gran reto en este aspecto. Entramos en un entorno social el cual no ha crecido con nosotros, ni lo hemos elegido. Y no tiene pautas de comportamiento hacia un nuevo miembro de esa sociedad, lo cual causa un estrés enorme sobre el organismo. Como pasamos el 50% de nuestro tiempo despierto (o más) en el trabajo, las personas de nuestro alrededor son muy importantes, su opinión y su actitud tienen influencia directa en nuestro bienestar. Si hacemos mal o bien nuestro trabajo tiene un efecto económico, pero si no nos llevamos bien con los demás trabajadores, nuestro bienestar emocional está en peligro.

Nuestro sistema nervioso ha evolucionado conjunto a estrategias de supervivencia formando sociedades, y no es de extrañar que es el mismísimo sistema nervios que reacciona al rechazo del grupo, sea del trabajo, del pueblo, de la comunidad de vecinos….etc con enfermedad, malestar emocional, preocupaciones, supresión del sistema inmunitario…. Por mucho que intentemos, no nos podemos escapar de la compañía.

Si el ajuste social, la integración en el grupo y nuestra adaptación al entorno del trabajo no resulta, corremos el peligro de ponernos no solo enfermos, sino que al largo plazo nos quemamos. El “burnout” es un síndrome que tiene aspectos en común con la depresión y afecta a una gran parte de nuestra salud física.

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