Información básica

Desde el principio de la descripción de su efecto fisiológico, el término “estrés” ha estado sujeto a múltiples cambios y su uso cotidiano muchas veces es incorrecto (Levine, 2015).

Koolhaas et al. (2011) sugieren que el término “stress” debería estar limitado a condiciones donde la demanda del entorno sobreexige la capacidad natural del organismo (en este caso de la persona), particularmente en situaciones con elementos impredecibles e incontrolables.

Actualmente se suele hablar del estrés como dependiendo de la interpretación del individuo de la situación estresante. Quiere decir lo que me estresa depende de mi interpretación y de mi experiencia vivida con anterioridad. ¡Cálmate y todo irá bien! Pero no es tan fácil. Autores más recientes (Porges, 2004; Cohen, 2014) han indicado que situaciones repentinas y de carga emocional llevan muy rápidamente a una respuesta a nivel inconsciente, envolviendo el complejo de nuestro cerebro responsable para el miedo, la amígdala y el hippocampo, y no involucrando inicialmente el complejo asociativo del córtex, con su capacidad de decidir de manera razonable. Es más, investigación psicológica (Bargh and Chartrand, 1999; Chaiken and Trope, 1999; Cohen, 2014) demuestra que incluso procesos de pensamientos aparentemente razonables están influido por nuestros estados emocionales. Pensamientos conscientes y procesos emocionales inconscientes se influyen entre ellos, no es un camino de una sola dirección. Y también los procesos emocionales influyen al estado físico como el estado físico influye sobre la respuesta emocional (Levine, 2015).

Antonio Damasio formuló en su libro de 1994 “El Error de Descartes” la hypothesis  que las emociones están a la base de nuestras capacidades intelectuales y de nuestro razonamiento. Hoy esa idea se ve confirmada por multitudes de trabajos neurocientíficos, sin embargo, al contrario a lo que se podría pensar, el público general todavía piensa el contrario. Estamos entrenados de ver a las emociones como algo irracional y que ocurren sin razón y sin sentido. Si describimos a alguien como “emocional”, normalmente queremos transmitir nuestra crítica sobre su manera de actuar y razonar. Las personas que más admiramos son aquellas personas que consiguen (a la superficie) controlar sus emociones a la perfección o ni siquiera sienten emociones.

Las emociones son la base para nuestra capacidad intelectual.

Aparte de eso no deberíamos de separar emociones, mente, cuerpo… es un continuo, un flujo afectivo de arriba hacia abajo, de afuera hacia adentro.

¿Manual o automático?

Las prisas que tenemos para completar nuestro día a día hacen que vayamos en modo automático. Nuestras maneras de hacer, nuestras conversaciones, los movimientos y las frases están tan integradas que ni nos damos cuenta de lo que hacemos o de lo que hablamos. Tampoco nos relacionamos con nuestro entorno, ni hacemos contactos verdaderamente profundos. Vamos en modo acelerado durante el día y por la noche no sabemos como bajar de ritmo o nos caemos agotados. Pero no lo interpretamos como algo nocivo porque estamos acostumbrados a ello desde nuestra infancia, y aparte de eso todos los demás en nuestro entorno están viviendo del mismo modo.

Las rutinas, los costumbres, el aguante, todas esas son herramientas que utilizamos para mantenernos firmes cuando las circunstancias no son las más favorables. No hay espacio para nuestras emociones porque no se valoran en este entorno.

En situaciones de estrés estamos justamente enfrentados con nuestras emociones. Pero como no sabemos cómo manejarlos no aceptamos y que no nos gusta nuestra reacción. Situaciones estresantes nos proponen retos porque nos dan nuevas indicaciones, nos avisan que algo está pasando que no es agradable y que deberíamos actuar acerca. Nuestro sistema nervioso está por parte hecha para eso, avisarnos que es hora de cambiar algo.

Vivir en una sociedad estresada crónicamente no lo hace menos peligroso

Cierto es que con tanto impacto de nuestro alrededor nos hemos hecho más insensibles al estrés. Pero solo en el primer plano. Nuestro sistema nervioso sigue reaccionando de forma inconsciente, con el resultado que los impactos sobre nuestro cuerpo, mente y emociones se van acumulando y a partir de un cierto momento se expresan en forma de trastornos físicos, mentales y emocionales, hasta llegar a la ansiedad, la depresión y la enfermedad.

Las estadísticas hablan por si solos: El 90% de las enfermedades están causadas por el estrés.

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