Los buenos propósitos… y sus saboteadores

No excuses

Hay que entender una cosa, los saboteadores de nuestras buenas intenciones somos nosotros mismos. Esa es la triste verdad.

Pero, ¿por qué se sabotearía alguien a si mismo? Te presento aquí 3 aspectos que hay que tener en cuenta básicamente.

Digamos que es algo humano y lo podemos entender mirando las diferentes disciplinas que han hablado de ello. A nivel neurológico o fisiológico se habla de la “programación neuronal” y en el mundo de la educación se habla del aprendizaje. En psicología se habla de las costumbres. Las costumbres en general ayudan a vivir con menos problemas porque nos ajustan a nuestro entorno. Las aprendemos cuando somos niños y dan lugar a nuestro comportamiento y a nuestra manera de ver el mundo. Tu vida actual  es el resultado básicamente de tus costumbres, tanto para bien como para mal. La “programación” de tus costumbres es tan profunda que llega a crear reacciones automáticas a ciertas situaciones de las cuales no somos ni conscientes.

Pero hablemos de lo básico, visible, cotidiano. Lo que por un lado consigue que funciones mejor en tu vida diaria pero por otro lado también impide que traigas grandes cambios a tu vida.

1. Pregúntate: ¿El cambio que quieres hacer es realmente para ti?

Mucho de nuestro esfuerzo es para parecer mejor delante de los demás y eso nunca ha funcionado, porque los demás no lo aprecian. Imagina que quiero adelgazar y me dicen algo como… “ese jersey te quedaba mejor cuando tenías unos quilillos de más” o “haces cara de cansada, seguro que te va bien esa dieta?” todo esto me puede desmotivar por completo. Si tú no valoras los cambios por ti mismo, los demás no los van a valorar. Es básicamente un circulo vicioso. Quiero cambiar algo en mi vida, quiero ser más exitoso en el trabajo, estar más en forma, ser más guapo, tener más dinero, hacer que me respeten más…. pero solo de cara a los demás. Si los demás no lo aprecian, me preguntaré por qué estoy haciendo todo eso. Empiezo a cuestionar mi esfuerzo, soy menos disciplinado y por ejemplo vuelvo a comer como siempre, aunque al principio sólo sea un poco….

2. Entender lo que hay detrás de tu esfuerzo.

Si fuéramos sinceros con nosotros mismos, podríamos ver que detrás de nuestros esfuerzos está “el querer” de algo mucho más básico. Tener éxito, fama, belleza, buena salud etc. Esto se traduce en ser más respetado, mejor aceptado por los demás…. Con otras palabras, nuestros propósitos podrían empezar entonces diciendo algo así como “quiero que los demás me reconozcan, me presten más atención, me traten bien…”. Pero de eso no se tratan nuestros propósitos. Los propósitos son la cara al público de necesidades muy básicas de afecto, atención, amor, comprensión y reconocimiento.

3. ¿Estás siendo realista?

Hay metas que ni nosotros nos creemos, siendo sinceros con nosotros mismos. Un clásico…. vemos a la gente delgadísima en la prensa o en la televisión y queremos lo mismo para nosotros. A pesar del hecho que para llegar ahí tenemos que perder no solo 20 kg, sino pasar por meses de una dura tortura. Algunas de nuestras metas están realmente fuera de nuestras posibilidades porque solo imaginamos el resultado, no el camino hacia ello. Cuando estamos a medio camino muchas veces la única cosa que nos salva del abandono es nuestra disciplina, pero quizás no nos salva de que nos amarguemos la vida. Un proverbio sabio dice “un viaje de mil quilómetros empieza dando el primer paso”. Cierto. ¿Quieres perder peso? Ponte metas pequeñas que puedas realmente alcanzar. Poco a poco. Leí en una ocasión que las personas  que quieren empezar a utilizar el hilo dental con regularidad empiezan por UN solo diente para cambiar sus costumbres.

4. Entender el auto-sabotaje

Detrás de nuestro auto-sabotaje hay una protección. Nos mantiene dentro de nuestra zona de confort y aunque salgamos airosos durante un tiempo, no vamos más allá a largo plazo si no es porque revisamos nuestros puntos “débiles”. ¡Conozco a gente que consigue seguir una dieta durante todo un año! Esforzándose e intentando mantener la sonrisa durante ese período. Pero después de un cierto éxito, como haber bajado 15-20 kg, vuelven a sus costumbres de siempre, excusándose en un principio “hoy sólo como un poquito más” o “es un día especial, me lo puedo permitir”. El “efecto yoyo” no tardará en venir, devolviéndonos todo el peso perdido y un poco más. ¿Te suena?

¿Por qué ocurre esto? Porque hay una serie de costumbres que nos han protegido durante mucho tiempo. Estos costumbres nos protegen del mal, del mundo exterior. En el caso del exceso de peso puede ser que en nuestra educación nos hayan dicho que la comida nos protege y un poco de peso de más es bueno para nuestra salud. Especialmente padres que han vivido la guerra y el hambre, nos van a educar de esta manera. A pesar de que odiemos  esta “programación” por parte de nuestros educadores, está dentro de nosotros e inconscientemente está haciendo su trabajo, saboteando nuestro esfuerzo consciente.

Dentro de esta categoría también están las excusas. A pesar del esfuerzo, he visto una vez tras otra que no funciona y busco una explicación externa, algo sobre lo que no tengo poder y no puedo cambiar. Este algo tiene la culpa de que no baje de peso. Entre ello está la explicación de los genes. Por ejemplo si dices “en mi familia somos todos así”. Pero esta teoría está totalmente sobrevalorada. Como bióloga puedo asegurarte que no tiene ningún peso a no ser que padezcas una enfermedad, pero la mayoría de nosotros no se encuentra en esta categoría.

El secreto está en sentir que nos queremos hacer un bien perdiendo peso, en lugar de pensar que estamos luchando contra un fuerte enemigo. Hacer deporte si nos disgusta, no será fácil. Si cada vez que vamos al gimnasio nos aporta dolor y agotamiento, difícilmente mantendremos la motivación. Hagamos algo que realmente nos aporte bienestar, no algo que pensemos que es buena idea. Si no te gusta ir a correr busca una alternativa, hay miles de posibilidades. Comer sólo lo que es “sano” no nos aportará un cambio, si en realidad no nos gusta para nada lo que comemos. Tenemos que estar mínimamente “conectados” con lo que nos satisface sin caer en las viejas costumbres. Si conseguimos estar mejor después de cada comida, comer con atención y con ganas, podremos conseguir sentir que toda nuestra actitud hacia nosotros mismos puede cambiar y por lo tanto nuestras costumbres.

En fin, hacer el cambio para sentirme mejor es millones de veces más efectivo que hacer el cambio para llegar a alguna meta ideal no realista. Entendernos a nosotros mismos es esencial para incorporar día a día un cambio real a nuestras vidas.

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