Empresas españolas, las menos preocupadas por el bienestar de sus trabajadores ‘quemados’

Según un estudio de 2013 de la Comisión europea e Ipsos, la mitad de los españoles (49%) dice que es habitual sufrir estrés en sus puestos de trabajo. Este porcentaje está en línea con la media europea (51%). Sin embargo, el compromiso para hacerle frente de las empresas de este país es peor que en el resto del continente: sólo un 29% cree que el estrés se controla bien en su lugar de trabajo frente al 56% de toda Europa.

Según Bruselas, “Rendimiento empresarial deficiente“, “aumento del absentismo” y “presentismo (los trabajadores acuden a trabajar cuando están enfermos y no rinden como deberían)” son algunas de las consecuencias para la empresa al forzar la máquina más allá de su límite.

Una plantilla mal gestionada hace perder dinero a los dueños de la empresa y salud a sus trabajadores. Así lo advierte la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), que calcula que en la Unión se pierden unos 136.000 millones cada año por la caída de la productividad y los tratamientos derivados de trastornos mentales como el estrés, más del doble que los 61.000 millones que se han destinado hasta ahora al rescate de toda la banca española.

Controlar el estrés es una obligación legal

Velar por la salud de los empleados es una obligación de los empresarios. Así lo establecen la directiva europea 89/391/EEC y la Ley 54/2003 española. “El empresario deberá garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo”, remarca el artículo 14 de una Ley que también destaca que lo hará con la “adopción de cuantas medidas sean necesarias” y contando con la “consulta y participación” de sus empleados.

La agencia europea advierte de que los riesgos psicosociales, como el agotamiento y la depresión, derivan de una gestión mala de la plantilla. “Los trabajadores sienten estrés cuando las exigencias de su trabajo son mayores que su capacidad para hacerles frente”.

La mala gestión de los riesgos psicosociales pueden provocar, según Bruselas, “problemas de salud mental, agotamiento y mala salud física, especialmente enfermedades cardiovasculares y trastornos musculoesqueléticos”. No obstante, los problemas también pueden trascender más allá del trabajo y afectar a la vida del empleado: “dificultad para concentrarse y proclividad a cometer errores, problemas en casa y abuso de las drogas y el alcohol ” son algunos daños colaterales de pasarlo mal en el puesto de trabajo.

Y el problema se extiende al negocio. Según otros estudios de Bruselas, entre un 50% y 60% de las jornadas de trabajo perdidas se deben al estrés laboral, cifra a la que habría que sumar la presencia de empleados agotados que son incapaces de trabajar plenamente.

Para motivar a las empresas a combatir este problema, la Comisión Europea ha lanzado la campaña Trabajos saludables 2014-2015: ‘Gestionemos el estrés’. Este año incluso premiarán con los ‘galardones europeos a las buenas prácticas‘ a aquellas empresas que muestren el compromiso más firme “en la gestión exitosa de los riesgos psicosociales.

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