Como gestionar los miedos a los cambios

panic

Sabemos que hay asuntos que nos cambian la vida, sin que nosotros podemos hacer nada. Simplemente tenemos que aceptar lo que viene. No tenemos el poder para realmente hacer algo acerca, aun que nos gustaría. Las pérdidas, los cambios en la economía mundial o estatal, enfermedades, accidentes, a veces nuestro entorno laboral o cambios que escogemos nosotros mismos, como mudarnos a otra ciudad, país, etc. Incluso en algunos casos enamorarse! Hay toda una lista de cosas que nos causan mucho estrés por no saber cómo enfrentarnos a lo emocional que se hacen estos cambios. Nos proponen retos que no queremos tener, emociones, pensamientos, comportamiento, todos aspectos de nosotros mismos que son difíciles de aceptar. Estas situaciones son excepcionales, no rutinarias. Situaciones que pueden quitarnos toda nuestra tranquilidad, la buena energía, nuestro buen humor, nuestras ganas, nuestras fuerzas, el sueño, etc.

¿Por qué nos cuesta tanto el ajustarnos a las circunstancias cambiantes de nuestra vida?

Hay varias respuestas. La que más me gusta es la respuesta de lo desconocido. La incertidumbre de la que se habla en los medios. ¿Has saltado alguna vez al agua desde una altura sin saber que profundidad tiene? En estas situaciones no tenemos el control sobre lo que viene. Nos podemos imaginar miles de cosas, desde lo peor hasta lo mejor, ideando, creando posibilidades sobre cómo salir de la situación…. Pero la pura verdad es que tenemos miedo. No sabemos realmente lo que va a pasar.

En general no hemos aprendido a gestionar este miedo. En nuestra sociedad la seguridad es una de las preocupaciones principales. Causa estrés simplemente no tener la sensación de estar seguro.

Si pudiéramos aprender a gestionar este miedo al no saber lo que viene, podríamos ir mucho más ligeros por la vida, sin estar estresados por buscar soluciones. Porque, si miramos el asunto fríamente: ¿QUIEN REALMENTE SABE QUE VIENE?

Una buena práctica es centrarse en lo que tenemos ahora mismo. Nuestras preocupaciones se dirigen principalmente – tal como dice la palabra PRE-ocupación – al futuro incierto. Pero la realidad está en el presente. Si nos fijamos en ello nos podemos dar cuenta que estamos bien, estamos vivos…. tenemos miedo, si, pero el miedo lo tenemos justo por la preocupación de lo que nos pueda suceder. Sin la preocupación no hay causa para este miedo.

Si te fijas en el miedo como si fuera una nube en el cielo, lo contemplas con atención y sigues respirando sin pensar en lo que lo dispara, te vas a dar cuenta de que, después de un tiempo, desaparece. Lo que normalmente hacemos es intentar desconectar del miedo. Hacer “otras cosas” es una estrategia muy común para evitar los pensamientos o asuntos que nos causan miedo o disgusto. Si en cambio nos centramos en la sensación física y emocional del miedo, sin darle vueltas ni escaparnos de la situación, nos calmamos después de unos minutos.

Al fin y al cabo el miedo es una reacción corporal física, que no puede sostenerse durante mucho tiempo, como una corriente de electricidad que va pasando por las diferentes partes del cuerpo. Lo que mantiene el malestar es nuestra incapacidad de dejar fluir por el cuerpo esta corriente, la mantenemos en su sitio, controlándonos. El simple hecho de darte cuenta de la corriente que es el miedo deja que esté sin luchar en su contra, sin controlar. De esa manera le das la opción de desaparecer por su propia dinámica.

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