Calmar la mente

En las situaciones de estrés, lo que quizás más destaca es que nuestra mente está removiendo constantemente los asuntos. Una mente calma y despejada, que nos deja planificar y permite ver con claridad los siguientes pasos es algo que para muchos es el reto más grande.

Se explica por que el cerebro es parte de nuestro sistema nervioso alterado por el estrés. Si el sistema nervioso está alterado, lo será también el cerebro. Dicho de otra manera, cuantas más problemas hay de resolver, más la mente nos va a proponer soluciones.

Entonces, cómo solucionar esto?

Es cierto que calmar la mente es un reto, pero no es imposible. Al igual que el sistema nervioso tiene una parte que podemos controlar activamente, hay una parte de nuestra actividad mental que también podemos controlar.

Para poder entender lo que pasa cuando calmamos la mente, sea por que meditamos o cuando nos organizamos nuestras tareas, esta bien entender, que nuestro cuerpo está directamente conectado con nuestra mente. No hay dos seres, somos uno solo. En el momento que una situación altera a nuestro cuerpo, nuestro cerebro responde, intentando buscar una solución. Igualmente, cuando nuestro cerebro está muy activo, también lo será nuestro cuerpo, ya que lo que visualizamos (un porcentaje alto de nuestros pensamientos son visuales), nos parece tan real como lo que está pasando delante nuestros ojos y nos mantiene despiertos y alertas.

El reto principal para calmar la mente es el de no hacer un problema de tener un problema.

¿Qué quiere decir eso?

En los momentos de estrés prolongados, nuestros pensamientos se vuelven básicamente por los mismos asuntos. Puede que haya temas nuevos, pero en realidad los asuntos son los mismos (el trabajo, los compañeros, la família, el dinero, la casa…). Entonces, como hemos explicado, mantenemos siempre fresco el tema, ya que no lo solucionamos. Por que si estaría resuelto el tema, el cerebro dejaría de remover el asunto. Y aquí está el secreto para calmar a mente. Una indicación de que el asunto sigue siendo un problema es que no lo hemos resuelto.

Que hacemos normalmente cuando tenemos un “problema”? ¡Intentamos NO tenerlo!

El pretender que todo está bien, que no tengo problemas es una de las cosas que nos estresa. Por que si no reconocemos que en realidad estamos dándole vueltas a un asunto, nos hacemos nuestro propio enemigo. Por que en estas situaciones nuestro sistema nervioso, y por tanto cuerpo y mente en conjunto, requieren una solución y nosotros le decimos “psst! Cayate! Quiero descansar!”

Realmente resolver un problema quiere decir primero de todo RECONOCER que lo tenemos. Admitir, a nadie más que a nosotros mismos, que o tenemos y le quitamos una gran parte de la carga por ya no tener que hacer un esfuerzo y mantenerlo al margen o esconderlo. El hecho de admitir abre la puerta a la solución del problema, ya que nuestro sistema no tiene que solucionar la guerra por dos fronteras (el asunto y tu propia resistencia).

Compruébalo. Tomate unos minutos pensando en algo que te molesta, que te estresa. No muevas la mente del asunto durante unos cuántos minutos, manteniendo visualizado el tema durante este tiempo. Requiere valor, ya que nos pondremos muy nerviosos, no queriendo “ver” el asunto, pero es solo un momento más. Toma unas respiraciones profundas, manteniendo todavía claramente en tu mente el asunto. Y ve lo que pasa.

Al no “escaparnos” y enfrentarnos al asunto, aparte de aquietar la mente, se pone en marcha el sistema de recompensa del cuerpo, pero será tema para otro artículo.

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